No ganemos “guarderías”

NO GANEMOS GUARDERÍAS
Vivimos un momento histórico y político excitante, ilusionante. Muchas personas desde diferentes movimientos sociales, asociaciones y partidos políticos han puesto toda su energía y buen hacer al servicio de un ambicioso, pero a la vez urgente, proyecto de cambio para nuestra ciudad.

Es la primera vez, desde hace mucho tiempo, que hay un intento serio de construir un Movimiento Municipalista capaz de intervenir políticamente desde la inclusión y la diversidad con vocación de desarrollarse más allá del corsé de las citas electorales. Nace Ganemos Madrid y se hace posible confluir, mezclarse, escucharse, contrastar, debatir, proponer y consensuar.

Muchas feministas hemos participado activamente en este proceso convencidas de que también es nuestro momento, de que ahora sí que toca, como ha tocado siempre, dispuestas a no consentir ninguna tentativa que nos invite, desde un paternalismo sabiondo, a esperar una ocasión mejor para hablar de las reivindicaciones de las mujeres en aras de una urgencia social que también es la nuestra.

Las feministas hablamos, como hemos hecho siempre, de derechos, de inclusión, de diversidad. Definimos y matizamos los conceptos. Concretamos qué entendemos por sostenibilidad de la vida, por un modelo de ciudad que nos acoja a tod@s, por democracia participativa, por ciudadanía y derechos sociales. Tenemos mucha experiencia sobre el poder y valor simbólico del lenguaje. Y no es para menos. Cuando formulamos propuestas, la palabra define lo que queremos, lo que pedimos. Matiza las diferencias de contenido de lo que realmente queremos proponer. Por eso nos empeñamos en exigir un lenguaje inclusivo cuando se habla de ciudadanía y de los derechos irrenunciables para todas las personas. Por eso creemos que no es baladí gastar un poco más de tinta o de saliva para dejar claro, inequívocamente y nombrando sin recato, toda la diversidad social que queremos que esté representada en nuestras exigencias.

También sabemos la importancia que tiene usar los conceptos en positivo, cómo la elección adecuada de las palabras y los términos puede contribuir a evitar que nuestras demandas sean manipuladas para perjudicar o lesionar los derechos de otras personas. La educación pública infantil no es ajena a esta realidad.

Una de las medidas urgentes para la autonomía y bienestar de las mujeres es la sostenibilidad de una red pública que garantice la atención de las tareas de cuidado, algo que todavía realizamos nosotras de forma mayoritaria. Y aquí, a menudo, alguien con toda su buena intención, pronuncia la palabra maldita: GUARDERÍAS. Y por si no quedó clara esta buena intención, con frecuencia se le añade el adjetivo PÚBLICAS.
La cuestión más importante no es que alguien lo diga, sino que al resto de la audiencia no le piten los oídos al escucharlo. Esto me hace sospechar que estamos ante un problema de comunicación donde lo que queremos decir no se corresponde con lo que decimos.

¿Qué es lo que se quiere guardar? ¿De verdad queremos privar a las niñas y a los niños de los derechos que reclamamos para toda la ciudadanía? ¿De tener experiencias, desarrollar su personalidad, relacionarse, discrepar, del derecho a ocupar los espacios públicos y disfrutar la ciudad? ¿Del derecho a la educación? Estoy convencida de que no. A nadie se le ocurriría pedir guarderías para adolescentes, ¿por qué entonces, pedirlas para las criaturas?
La infancia, la crianza, no es cosa de mujeres. Es una responsabilidad social en la que nos jugamos nuestro futuro como especie y en la que damos continuidad a nuestra cultura, al tipo de sociedad que queremos construir. Por lo tanto, las criaturas no representan un estorbo que hay que apartar del camino ni son pequeños paréntesis que nos impiden desarrollar nuestra vida.

Lo que, sin duda, dificulta el desarrollo de la autonomía de las mujeres es la ausencia, cada vez mayor, de servicios sociales y la falta de corresponsabilidad de los hombres en las tareas de cuidados. ¿Por qué entonces reivindicar guarderías? Nunca un grupo social puede liberarse a costa de los derechos de otro. Es aquí donde el uso del término adecuado, la idea de un lenguaje en positivo para evitar que se manipulen las demandas y se vulneren los derechos, cobra todo su sentido.

Estoy segura de que está en nuestro ánimo el exigir una red educativa pública que atienda las necesidades de todas las personas desde su nacimiento. Una red viva y abierta donde las familias, en su diversidad, puedan participar, proponer y opinar sobre su funcionamiento. En la que se realicen actividades educativas centradas en los intereses y necesidades de l@s niñ@s. Una red que entienda el desarrollo de la infancia de forma integral, donde el juego sea fuente de placer y aprendizaje. Donde l@s niñ@s no estén hacinad@s y en la que sean atendid@s de forma respetuosa por un número suficiente de profesionales con la formación necesaria. Una red educativa pública que, en definitiva, posibilite el equilibrio de las desigualdades sociales de todo tipo.

Hablemos pues de Educación Infantil. Exijamos servicios públicos para todas las personas. Ganemos Escuelas Infantiles o inventemos otros nombres, pero no ganemos “guarderías”.

Ana Hernando (Asamblea Feminista de Madrid)


Manifestación 28S: por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito

Manifestación 28 de Septiembre por el derecho al aborto en su paso por Gran Vía.

Manifestación del 28 de Septiembre por el derecho al aborto en su paso por Gran Vía.

La reivindicación por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito tomaba forma en la jornada del 28S con manifestaciones en todo el país, coincidiendo con el día de Acción Global por la despenalización del aborto.  El Movimiento Feminista de Madrid acudía a la glorieta de San Bernardo para exigir este derecho con una sensación de victoria y de celebración incomparable. La manifestación se produce tan solo unos días después de la retirada, por parte del Gobierno, del Anteproyecto de “Protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada” y de la dimisión del entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón. Un ministro –junto a un Gobierno- que ha mantenido la libertad, la autonomía y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres de este país, en una amenaza continua desde que anunció sus intenciones hace más de dos años.

La lluvia no nos ha frenado. Salimos a la calle a celebrar la victoria del Movimiento Feminista, pero también para dejar claro que seguimos en alerta y que debemos seguir reivindicando el derecho a decidir de todas las mujeres, incluidas las inmigrantes sin papeles –excluidas de la asistencia sanitaria por este Gobierno- y las menores de edad.

El actual Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ya ha expresado su deseo de introducir algunas de las medidas contempladas en el anteproyecto, como la limitación del derecho a decidir de las jóvenes de 16 y 17 años, al exigir el consentimiento paterno o materno si quieren someterse a una interrupción voluntaria del embarazo. Una limitación que puede provocar a las menores verse forzadas a una maternidad no deseada, sufrir situaciones de violencia en su entorno familiar o un riesgo para sus vidas, al someterse a un aborto clandestino.

Las pancartas, los cánticos dedicados al “extinto Gallardón”, enfrente de su ya antiguo ministerio y la marea que lograba ocupar toda la Gran Vía en dirección hacia Plaza de España lo ponían de manifiesto: exigimos que el aborto esté fuera del código penal. Y exigimos por tanto que no se utilice el Tribunal Constitucional para restringir el derecho al aborto.

La manifestación llegaba a Plaza de España para recoger en la lectura de nuestro manifiesto todas nuestras reivindicaciones: el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, nuestra maternidad y nuestros proyectos de vida.

Se recordó también a Las 17 de El Salvador, 17 mujeres que en su país se enfrentan a penas de cárcel de hasta 40 años, gracias a la legislación que penaliza el aborto bajo cualquier circunstancia, incluida la violación. Alejandra Burgos, de la Plataforma Libertad para las 17, además de pedir su libertad, puso de manifiesto con su discurso la desprotección a la que se ven sometidas muchas mujeres en el mundo con la limitación del derecho al aborto, confirmándonos que nuestra lucha ha de seguir.

La manifestación concluyó, aun así, con la celebración de nuestra victoria: bailamos bajo la lluvia un flashmob que fue el mejor fin de fiesta que una manifestación como la del 28S podía tener. Una forma perfecta para reivindicar lo que nos pertenece: el derecho al aborto libre.